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Gabriel García MarotoCrítico de arte

Con su maestro Daniel Vázquez Díaz, pintando en el campo. Madrid, 1919

Es ésta una pintura de ayer, de hoy, siempre.

Las obras de Botí no tienen edad porque no están adscritas a ninguna escuela ni a ningún movimiento. El artista se limita a traer hasta nosotros lo que ve, su íntimo universo de paisajes, objetos y rincones. Poesía hecha color en vez de versos, luces limpias, colores suaves, en los que la vista descansa tranquila, eso en resumen la pintura de Rafael Botí. Una pintura sin mensajes, pero con paz; sin personajes, pero con objetos o lugares que nos sugieren la mano o la mirada del hombre; con sencillez, pero con humanidad.

 

Gabriel García Maroto

“Gaceta del Arte”, diciembre 1974

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