Cargando

Javier Rubio RomeroEscritor y miembro de las Asociaciones Nacional e Internacional de Críticos de Arte

Rafael Botí, "medicina de Dios"

Con su hijo y Javier Rubio en la exposición que tuvo lugar en la Galería Lázaro (Madrid) en 1972.

Rafael, en hebreo, significa "medicina de Dios" y Rafael Botí, lo mismo que el ángel que sanó la ceguera de Tobías, que propició el matrimonio de su hijo del mismo nombre con Sara (la de los siete esposos muertos misteriosamente), Rafael, que se ocultaba bajo diferentes apodos místicos (Azarías, hijo del gran Annanías) es, en síntesis, el auxilio del Señor y el Señor misericordioso. Sí, siempre el Señor. Aquel Rafael y este Rafael Botí son cosa del Señor.

Y lo son, ambos, por el milagro. Realidad que los hermana, que lo hace parejos en la música, el arte y otras cosas (como los largos itinerarios) y que, de la viola al pincel, los identifica. Porque ángeles y arcángeles son siempre personajes musicales y tienen, en sí, la belleza del cuadro del Greco (o de otro cualquiera) que sepa representar y corporeizar las pantorrillas de las jerarquías angélicas. Pues bien (repito) Rafael Botí es el pintor y el cantor de esas jerarquías que pueden transformarse en paisajes, en arboledas, en flores, en bodegones. Es (Rafael Botí) el hombre de la serenidad, de la sabiduría. Tal vez por su nombre simbólico, tal vez porque Córdoba reúne la ciencia y el saber de dos civilizaciones muy distintas (y complementarias) como son las civilizaciones de la esfera y la cruz. Allí, en Córdoba, está el disparate de una Mezquita convertida en Catedral. Y allí nació Rafael Botí para explicarnos que la Bellezano tiene símbolo (o sí lo tiene) ni liturgia (o sí la tiene). Para decirnos que Córdoba es, en resumen, Arte.

Siempre pienso que el ser "medicina de Dios" obliga a curar a todos, a curarnos a todos y el simbolismo de abrir los ojos a la luz del anciano Tobías es algo como muy claro: Rafael dio la vista a Tobías y Rafael Botí nos enseña el color, nos descubre el color, con otro tipo de milagro, que es el de su pintura.

Rafael Botí, asomado a los "Ismos" de su tiempo, pasa por ellos sin romperese ni mancharse y se queda, simplemente, en pintor. En interpretador de la Naturaleza, del paisaje esencial y austero, con esa medida y ese tino que sólo tiene la música (invento de Pitágoras), con esa pura matemática que pone cada tono (y semitono) en su sitio. Y cada silencio.

A Rafael Botí le debemos culto y liturgia de domingo festivo. Le debemos un tributo porque la Belleza debe pagar impuestos con mayor motivo que cualquier otra cosa. Le debemos la calma de los jardines solitarios con mayor motivo que cualquier otra cosa. Le debemos la calma de los jardines solitarios, de las montañas lejanas, de los álamos y los cipreses de la paz del tiempo que está allá, allá , allá. Y que, sin embargo, nos llama desde cerca, desde siempre.

A Rafael Botí le debe el Mundo un homenaje sincero, por buen pintor y por hombre bueno. No importa la hora ni el día. Rafael Botí, pintor cordobés (aunque apenas pintor de Córdoba) es un personaje de todos. Es el guía bíblico en tiempos de oscuridad y desorientación. Quienes lo conocemos, admiramos y queremos, sabemos algo de sus secretos saberes, de sus milagros plásticos, de su ritmo misterioso. Y al margen de cualquier comentario crítico, le sentimos. Que es, en el fondo, lo importante.

Poema de Javier Rubio Romero dedicado a Rafael Botí

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para el correcto funcionamiento del sitio y generar estadísticas de uso.
Al continuar con la navegación entendemos que da su consentimiento a nuestra política de cookies.
Continuar